Susana vestía elegantes trajes de marcas carisimas: channel, versace, loewe, givenchy.... La podías ver pasear con la cabeza muy alta, mirando al frente, con un malentín en su mano, donde llevaba su portatil y todo lo que un gran ejecutivo debe llevar. En el bolsillo interior de su chaqueta siempre llevaba un boligrafo de oro, que le regalo su madre cuando se licencio en economicas, por una gran universidad. Ella guardaba ese bolígrafo como si de un tesoro se tratara. Susana hablaba más de cuatro idiomas y siempre daba la mano con firmeza y seguridad, no se permitia pestañear, y en cualquier negociación era implacable.
Se sentaba cada mañana en aquel confortable sillón, en su amplia oficina, todo era oscuro en aquella oficina, decorada con colores grises y negros, eso si con una sublime elegancia, que dejaba atonito a todo aquel que la visitaba.
Ella tenía 27 años, le quedaba tan solo un mes para cumplir los 28, aunque aquel acontecimiento no le quitaba el sueño.
Al llegar a casa, y quitarse su carisimo traje chanel o de cualquier otra marca, Susana sufría una increíble transformación. Se quitaba el maquillaje, se ponía su camisola de flores rosas, se recogía el pelo en un moño mal hecho, y parecía otra persona, sus ojos empezaban a coger un brillo increíble, y su frialdad parecía deshacerse, al mismo tiempo que comía un helado ante el televisor, mientras veia su teleserie favorita.
Esta transformación se hacía más visible el fin de semana, cuando Susana tenía tiempo libre. Se vestía con sus tejanos y su camisas hyppis, salia a la calle con una sonrisa enlos labios, paseaba sin prisas, mirando distraída a la gente que pasaba a su alrededor, a los arboles, a los animales, a cualquier pequeño detalle que le llamaba la atención.
Pero el mayor cambio de todos se daba cuando el domingo por la tarde se cubría con una vieja bata blanca, medio descolorida, sacaba de un cajón sus pinceles y sus pinturas, abría el armario para sacar sus lienzos, y durante horas, la fria Susana, se convertía en creadora, en madre de pequeños cuadros llenos de vida, que mostraban una luz esperanzadora, una sensiblidad inhata, en aguas cristalinas, en praderas verdes, o en días lluviosos. Susana entonces se convertía en otra persona, se convertía en Su, era así como firmaba aquellos niños que creaba con tanto amor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario